¿Pensás que la cerámica es difícil? Quizás está mal explicada…
Hola creativa,
¿Alguna vez te pasó que después de ver una técnica pensaste:
“no entendí nada”, “estoy tan perdida que no sé ni por dónde empezar” o “che… qué complicado esto”?
A mí sí, y diría que nos pasó a muchas.
Estos días ando bastante reflexiva porque llegaron algunas alumnas nuevas al taller con la misma idea: empezar por algo muy muy simple porque la cerámica es difícil.
Y sinceramente no es una idea aislada. Muchas alumnas de mi escuela virtual llegan con esa misma sensación. Y no son solamente alumnas que recién empiezan, también alumnas que ya hacen cerámica hace tiempo.
Y esto me hace pensar muchísimo porque, si bien habitualmente soy profe, también soy alumna.
La reflexión que tengo, como alumna, es que muchas veces la cerámica, o mejor dicho la forma en que se enseña, al menos a mi parecer, no es del todo tan clara.
A ver, cuando digo "no tan clara" me refiero a lo siguiente:
A veces es demasiado técnica, purista y alejada de una práctica real que podamos llevar a cabo.
Otras veces todo lo contrario: demasiado simplista, obviando toda la teoría y el trasfondo que necesitamos para entender realmente qué estamos haciendo.
Y una última: técnicas complejas explicadas solo desde textos o fotos, sin mostrar realmente cómo desarrollar la técnica, qué puede salir mal, qué detalles mirar o qué errores evitar.
Y acá hay dos cosas que para mí son súper importantes:
La primera es entender que sí, claro que hay muchísimos aspectos de la cerámica que son complejos o difíciles.
Pero una cosa es que una técnica sea compleja… y otra muy distinta es explicarla de una forma que haga sentir a la otra persona que nunca va a poder hacerla o entenderla o para mí la peor de todas: que sienta que siempre va a ser demasiado difícil para ella.
Porque compartir lo que sabemos debería alivianar el camino, ayudar a sortear obstáculos y acompañar procesos. No generar el: “esto es imposible”.
Y creo que ahí hay algo de mi formación como ingeniera que me marcó muchísimo.
Siempre me gustó pensar los procesos desde la lógica:
¿Cómo hacemos esto más claro?
¿Cómo lo llevamos a la práctica real?
¿Cómo lo entendemos de verdad en vez de memorizar pasos?
¿Qué aprendí llevándolo a la práctica?
¿Qué mejoraría?
¿Qué no volvería a hacer?
Y sin darme cuenta, empecé a enseñar cerámica de la misma manera.
Porque para mí una técnica compleja puede enseñarse de forma simple.
Me gusta decir: algo complejo es la suma de muchas cosas simples.
No simple porque se le quite profundidad o importancia, sino porque empezamos a entender desde la base, paso a paso.
También hay algo clave en esta forma de aprender y enseñar:
para poder explicar algo de forma simple primero hay que practicar muchísimo.
Hay que equivocarse.
Probar.
Arruinar piezas.
Registrar errores.
Encontrar maneras mejores de hacer las cosas.
Y después de todo eso, recién ahí, compartir una versión más clara y accesible. No solo en cuanto a los procedimientos, sino también a los materiales y herramientas. Porque yo tengo un taller a disposición, pero la mayoría de mis alumnas no.
Creo que por eso una de las cosas más lindas que me dicen mis alumnas es:
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