Más comunidad y menos competencia.
Hola creativa,
hay algo que me sigue sorprendiendo desde que empecé con la escuela online. Algo que me hubiera gustado tener durante mucho tiempo, una comunidad de mujeres con la que compartir este camino.
En la escuela veo cómo mis alumnas, que tranquilamente podrían verse como “competencia”: se ayudan, se acompañan y se potencian entre sí todo el tiempo.
Y claro que en la escuela aprendemos técnicas.
Hablamos de esmaltes, moldes, barros, hornos, herramientas, procesos y muchísimas cosas más.
Pero querida lectora, el alma de la escuela son las alumnas y la comunidad que creamos mes a mes, mensaje a mensaje.
Son las más de 160 mujeres que este mes están transitando el último mes de los módulos 1 y 2 juntas.
Y no lo digo desde un lugar romántico o marketinero. Lo digo porque realmente lo veo pasar todos los días.
Veo alumnas ayudándose entre sí con piezas y proyectos.
Compartiendo cuánto cobran las clases, cómo estructuran workshops, qué incluyen y qué no, dónde compran materiales, cómo organizan talleres, qué errores cometieron emprendiendo y qué harían distinto hoy.
Alentándose a dar un paso más, compartiendo sus experiencias y también sus miedos.
Es hermoso ver que nadie siente que tiene que esconder información.
Al contrario.
Hay algo muy lindo que pasa cuando dejamos de vernos como competencia y entendemos que todas estamos intentando construir algo desde el mismo amor por el barro.
Que otra mujer haga cerámica, venda piezas o dicte clases no significa que nos quite espacio a nosotras.
Porque cada una crea distinto. Cada una enseña distinto. Cada una conecta distinto.
Y justamente ahí está la magia.
Por eso la escuela no se trata solamente de aprender técnicas o teoría.
Claro que todo eso está y es importantísimo, porque es la base sobre la cual construimos.
Pero la comunidad… la comunidad lo cambia todo.
Porque aprender acompañada es distinto.
Tener un lugar donde preguntar sin sentir vergüenza marca la diferencia.
Tener otras mujeres compartiendo el mismo camino, las dudas y sus sueños, sinceramente es un lujo.
Y creo que una de las cosas más especiales que estamos construyendo dentro de la escuela es justamente eso: un espacio donde no competimos, nos potenciamos.
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